Nicaragua: Daniel Ortega se prepara para la reelección

Daniel Ortega, en su primera presidencia en los '80, antes de pactar con el FMI, aliarse con los principales líderes de la contra y sus archienemigos de la Iglesia.

Martín Cúneo / Managua
Publicado en Diagonal nº160

Con las encuestas a favor, un amplio programa social y acusaciones de control totalitario de las instituciones, Daniel Ortega se presenta a la reelección el 6 de noviembre.

– “El sandinista honesto es el sandinista que está ausente ahora”. Entrevista a Dolores Jarquín, activista del movimiento social nicaragüense Otro Mundo es Posible. Publicada en el número 160 de Diagonal. (Leer entrevista completa)

Las calles y caminos de Nicaragua traen reminiscencias ochenteras. No hay poste o paradas de bus que no estén pintados de rojo y negro. Las banderas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en el Gobierno desde finales de 2006, ondean desde los balcones, en los mercados y en las viviendas más precarias.

Los carteles de la propaganda oficial, diseñados con una estética hippy rebosante de flores, símbolos de la paz y fondos fucsia, parecen hablar de una Nicaragua en transformación. “Revolución”, “el pueblo, presidente” o “poder ciudadano” son algunos de los lemas que proliferan a medida que se acercan las elecciones del 6 de noviembre en las que el presidente Daniel Ortega aspira a ser reelegido. La oposición se presenta dividida. Sectores políticos de distinta procedencia han conformado la Alianza Partido Liberal Independiente (PLI), cuyo principal objetivo común es expulsar del poder a Daniel Ortega, a quien acusan de haber vulnerado la Constitución al presentarse a la reelección y tener un dominio totalitario de todos los poderes del Estado.

Esta coalición, encabezada por el octogenario Fabio Gadea, histórico dueño de Radio Corporación, el principal medio de la contra antisandinista, se mantiene en las encuestas en un distante segundo lugar. A esta alianza se han sumado sectores que van desde el centro derecha hasta el Movimiento de Renovación Sandinista, que se escindió del FSLN en los años ‘90, desde sectores empresariales representados por Eduardo Montealegre hasta el Movimiento Autónomo de Mujeres. El panorama se presenta polarizado. La oposición habla de “dictadura” mientras que el oficialismo achaca a “agentes al servicio del imperio” cualquier atisbo de crítica, sea desde la derecha o la izquierda.

Pese a los carteles y lemas electorales, en Nicaragua no parece que haya una revolución ni que el pueblo sea –por lo menos todavía– presidente. Lo que sí se ha producido es una extensión de los planes sociales y otras medidas que benefician a la población más desfavorecida en un país que sigue siendo el segundo más pobre de América Latina. Para Patricia Orozco, periodista y militante feminista, los principales avances se han dado en salud y educación. “Con los gobiernos neoliberales los hospitales públicos tenían secciones privadas y eso iba en detrimento de la mayoría de la gente. Eso se quitó y hay que celebrarlo”, dice Orozco. En los gobiernos anteriores, ante la falta de presupuesto destinado a educación, los padres y las madres de familias tenían que contribuir para sostener las escuelas públicas. Una de las primeras medidas del Frente al llegar al poder fue suprimir esta cuota “voluntaria”. Para Orozco esta medida tuvo efectos no deseados: “Se dieron casos de escuelas que, sin la ayuda de los padres, pasaron a la bancarrota porque no hay la inversión que se requiere”.

Aumento del gasto social

Otro logro en materia de educación es haber declarado Nicaragua como libre de analfabetismo en 2009. Sin embargo, la polarización presente en el país se deriva en una guerra de cifras contradictorias. Según Adolfo Acevedo, economista y ex funcionario del Ministerio de Planificación con el primer Gobierno sandinista, “Ortega cambió al director del instituto encargado de las estadísticas e inmediatamente se cerró el acceso a la información. Desde el inicio hubo una directriz de Rosario Murillo [la esposa de Daniel Ortega], de que ella iba a controlar el acceso a la información”.

El plan Hambre Cero, que consiste en entregar a mujeres pobres una dotación de gallinas, una cerda preñada y otros productos, ha beneficiado a miles de familias. Al igual que el programa Usura Cero, con créditos a bajo interés para pequeños emprendimientos productivos. De la misma forma, se han extendido planes de reparto de láminas de zinc para los techos, planes de vivienda social, titulación de tierras, sobre todo en predios urbanos, y la distribución de alimentos como arroz, frijol y aceite a bajo precio. Este aumento del presupuesto destinado a los planes sociales ha sido posible gracias a la cooperación de Venezuela a través del ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) que ascendió en el último año a 500 millones de dólares, según el presidente del Banco Central de Nicaragua, Antenor Rosales.

Red de intereses

Esta ayuda se articula en una compleja red de empresas público-privadas que comercializan el petróleo barato que suministra el gobierno venezolano. Según Acevedo, esta cooperación se basa en un acuerdo personal entre Venezuela y Daniel Ortega por lo que los fondos no pasan por el presupuesto del Estado, no son fiscalizados por ningún organismo público, ni se conoce exactamente cuál es el destino de ese dinero. Para este economista, la falta de transparencia ha permitido el desvío de dinero para distintas empresas relacionadas con el sector empresarial del FSLN, compra de medios de comunicación, hoteles y el control de otros sectores de la economía.

“El gran dilema de la gente es si la ayuda de Venezuela va a continuar si Daniel Ortega no es elegido, al ser un acuerdo entre presidentes”, comenta Patricia Orozco, para quien Ortega utiliza los programas sociales para aferrarse al poder ayudado por una amplia red de clientelismo. Para esta periodista, un ejemplo de esto es el aumento salarial a todos los empleados públicos, incluidos los municipales con “un bono solidario que no se incluye en el salario” dando a entender que su continuidad depende de la continuidad del Gobierno de Ortega.

Bea Huber trabaja desde años en el Colectivo de Mujeres de Matagalpa, una de las organizaciones de mujeres con más trayectoria de Nicaragua, en el acompañamiento y organización de las mujeres en las comunidades. “El modelo de ayuda que está implementando el Gobierno se basa en la beneficencia, no en el empoderamiento o en generar organización autónoma, sino de regalo, ‘yo te regalo y vos me tenés que agradecer, por lo tanto estás en deuda conmigo’; refuerza una relación de poder de una forma muy sutil”, comenta Huber.

Clientelismo

La principal crítica de las organizaciones sociales autónomas es que los programas sociales se utilizan para asegurar el apoyo de los sectores más pobres al Gobierno a la vez que inhiben la posibilidad de movilización contra un modelo económico que no ha cambiado desde los años neoliberales. “Llegan a la Comunidad con un lote de Plan Techo y le resuelven ese problema a la gente, pero a la par le están aprobando toda una política bioenergética para que en ese lugar se pueda sembrar palma africana”, dice Dolores Jarquín, del Movimiento Social Nicaragüense Otro Mundo es Posible, “y el nivel de pobreza de la gente impide que puedan decir algo, porque los que protestan no son beneficiados por el Plan Techo o por el plan Hambre Cero. La misma pobreza tiene a la gente en un nivel de sometimiento”.

Lo que nadie discute es que desde 2005 hasta la fecha se han reducido los niveles de pobreza y extrema pobreza en Nicaragua de forma sostenida. Por lo menos 300.000 nicaragüenses salieron de la pobreza extrema entre 2005 y 2009, según la encuesta de la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (FIDEG) con la asesoría técnica del Banco Mundial. Sin embargo, según la FIDEG el subempleo paso del 40% de los ocupados en 2009 al 53% en 2010 y el empleo informal creció del 72,4% de la ocupación total en 2009 al 75,3% en 2010.

Pese a las apelaciones oficialistas al socialismo y al antiimperialismo, Nicaragua sigue dependiendo de la cooperación, de las exportaciones de café, carne, azúcar, oro o caña, sujeta a las variaciones de los precios internacionales y la acción de las multinacionales, de las zonas francas de las maquilas y las remesas. La reciente firma del tratado de asociación económica con la Unión Europea –que el mismo Ortega tachó de neocolonialista–, la defensa del vigente tratado de libre comercio con EE UU o la firma de un nuevo convenio con el FMI confirman la continuidad de la política económica. “El Gobierno ha hecho una alianza fuerte con el sector empresarial”, comenta el padre Arnaldo Centeno, que trabaja desde hace décadas con las Comunidades Eclesiales de Base. “Actualmente los grandes empresarios de la patronal no atacan al Frente, hay una alianza mutua. ¿A cambio de qué? El Frente no ha hecho una reforma tributaria a fondo, los grandes empresarios tienen grandes exenciones y exoneraciones”, dice.


ALGO SE HA PERDIDO DE CAMINO AL PODER

Poder económico
El fin de la ayuda económica de la URSS y, sobre todo, los años de guerra interna apoyada por EE UU pusieron fin al primer Gobierno sandinista en 1990. El reparto de bienes del Estado, desde coches a grandes propiedades, llamado la Piñata, fue el inicio de una red empresas afines al FSLN. El trauma de perder las elecciones lleva a Humberto Ortega [hermano del presidente] a decir: “el que no tiene poder económico no puede tener poder político”.

Control del Estado
Tras perder las elecciones en 1990, el FSLN se lanza a las calles para defender junto al movimiento social las conquistas de la revolución. A finales de 1998, Ortega pacta en secreto con el presidente liberal Arnoldo Alemán (el octavo expresidente más corrupto del mundo) la paz social a cambio del reparto de los poderes del Estado. El Pacto del FSLN con los liberales termina con las protestas contra las privatizaciones, planes de ajuste del FMI y el TLC con EE UU.

El pacto continúa
Entre los puntos principales del pacto Ortega-Alemán figura el cambio de la ley electoral, que bajaba al 35% (la base electoral del FSLN) el límite para ser elegido presidente en primera vuelta, si supera en un 5% al segundo partido. La situación judicial de Alemán, condenado a 20 años, fue utilizada por Ortega como arma para controlar a diputados y jueces liberales. De una prisión de lujo, Alemán pasó a ser liberado paulatinamente, a cambio de favores.

Alianza con la iglesia
En 2003 Ortega inició un acercamiento hacia la iglesia. El cardenal Obando ayudó a frustrar sus dos anteriores intentos de llegar al poder. En 1996 comparó a Ortega con una víbora rojinegra. Y en 2002 llamó a votar por candidatos casados. Ortega tomó nota y en 2005 se casó con Rosario Murillo y apoyó la prohibición del aborto terapéutico que pedía la iglesia. Hoy Nicaragua es “cristiana, socialista y solidaria” y Obando está en los carteles con Ortega y Rosario.

Abusos sexuales y poder
En 1998 Zoilamérica acusó a su padrastro, Daniel Ortega, de abuso sexual. Su madre, Rosario Murillo siempre apoyó al líder sandinista desautorizando a su hija. Hoy Zoilamérica se ha reconciliado con su madre –no con Ortega– y ha retirado la demanda, pero no niega los abusos. Murillo controla la comunicación del Gobierno y la dirección de los comités ciudadanos que distribuyen ayudas. La mayoría de los siete hijos de Ortega tienen empresas y controlan canales de TV.

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Acerca de losmovimientoscontraatacan

Los Movimientos Contraatacan y todo el material que puedes encontrar en este blog está realizado por Martín Cúneo (periodista, diseñador y miembro de Diagonal) y Emma Gascó (integrante de Diagonal, periodista, ilustradora y traductora). Los reportajes, entrevistas, ilustraciones y vídeos han sido publicados previamente en otros medios alternativos y pueden reproducirse libremente, siempre que sea sin fines de lucro y citando la fuente. martindiagonal(a)yahoo.es / emmagasco(a)gmail.com
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